Fotografía en alta resolución, fotogrametría y notas de campo capturan detalles invisibles a simple vista: curvaturas del vidrio, pandeos en chapa, porcelanas cuarteadas y tornillería oxidada. Medir espesor de metales, distancias entre anclajes y holguras en marcos evita sorpresas en el desmontaje. Un croquis acotado, acompañado de escalas cromáticas y referencia de temperatura de color, permite replicar exactamente brillos y perfiles. Al final, este archivo sirve como memoria del proceso y herramienta de diálogo con proveedores, aseguradoras y autoridades locales.
Calcar letras desgastadas, vectorizar contornos fieles y documentar el espaciado original preserva la personalidad del letrero. Un espectrofotómetro y tarjetas Munsell o RAL ayudan a capturar colores envejecidos, distinguiendo pátina valiosa de suciedad acumulada. Comparar tintas, esmaltes vítreos y lacas antiguas con recubrimientos actuales evita incompatibilidades químicas. Registrar trazos manuales, filetes y sombras proyectadas facilita decisiones al reponer trazos perdidos. Así garantizamos continuidad visual, incluso cuando debamos reemplazar láminas, paneles acrílicos o placas de esmalte con nuevos sustratos compatibles.
Comprobar aislamientos, continuidad de puesta a tierra, estado de cables GTO y transformadores envejecidos reduce riesgos de descargas y puntos calientes. Revisar portalamparas, casquillos, aisladores de porcelana y cajas estancas revela fallos ocultos. Identificar presencia de mercurio en tubos y aceites antiguos con PCB orienta un manejo ambientalmente responsable. Un informe eléctrico, alineado con normativas locales, define protecciones diferenciales, seccionamientos accesibles y rutas de cableado seguras. Esta etapa también allana la obtención de permisos y la confianza de vecinos y propietarios.
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